INSPIRACIÓN
La Segunda Guerra
Mundial resultó ser un momento trascendental para las mujeres. A medida que los
hombres se alistaban o eran llamados a filas en las fuerzas armadas y se
dirigían al extranjero, los trabajos especializados que antes habían eludido a las mujeres
comenzaron a estar disponibles. Alentadas por el gobierno a contribuir al
esfuerzo bélico desde sus hogares, las mujeres participaron sembrando jardines,
realizando labores industriales y alistándose en las fuerzas armadas. Muchas
mujeres que escogieron trabajar durante la guerra experimentaron un sentido de
independencia y liberación. Les pagaban más de lo que nunca habían recibido
(aunque no lo mismo que se les pagaba a sus compañeros hombres) y la liberación
de la dependencia económica en los maridos y las familias llevó a multitudes de
mujeres a las fábricas. La imagen, que podéis ver en la cabecera de la entrada,
de obreras industriales como “Rosita la Remachadora” (“Rosie the Riveter”) creó
un icono fácilmente identificable con el movimiento de las mujeres. Estas
imágenes ayudaron a que las mujeres se lanzaran hacia los trabajos
especializados de la guerra, que las investía con un sentido de logro y
satisfacción al saber que estaban contribuyendo al esfuerzo bélico.
El Cuerpo del Ejército de Mujeres (Women’s Army Corps; WAC)
les ofrecía a las mujeres otra vía para demostrar su competencia. Aparte de las
enfermeras, estas mujeres fueron las primeras en unirse a las filas del
Ejército Estadounidense. Hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, más de 150,000
mujeres se habían alistado para servir a su país en el WAC.Sin embargo, y a
diferencia de lo que ocurrió en la Primera Guerra Mundial, cuando la guerra
terminó en 1945 la seguridad económica y la libertad recién lograda por las
mujeres norteamericanas se vio de pronto amenazada. A medida que los hombres
regresaban, también regresaban a los trabajos que habían abandonado.
Evidentemente, se esperaba que las mujeres volvieran a desempeñar los papeles
tradicionales de esposa y madre. Los años 50 supusieron un retroceso en las
libertades femeninas, pero al mismo tiempo sirvieron de estímulo para los
movimientos feministas de los sesenta.
DANIEL ESTEBAN SANTANDER
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